Roger Eterno








Dice Walter Benjamin que las revoluciones son esos momentos en donde el continuum de la historia salta, el tiempo se detiene y el pasado relampaguea en el presente de un modo fulgurante, fugaz. Se produce en ese instante una detención mesiánica de lo que acontece, un momento en donde ese presente, ese "tiempo-ahora", se llena de sentido, un sentido irremediablemente contaminado por un pasado que espera ser redimido.
Todo eso es lo que sucede con Roger Federer en este 2017. Ese pasado de tristeza, de impotencia, de querer y no poder, está siendo redimido por este año de locura. Porque cada vez que juega el tiempo parece que no corre, ni para nosotros, ni para él. Porque cada vez que juega y gana en este año, todo ese pasado nos vuelve a invadir, volvemos a sentir que estamos nuevamente hace diez años atrás, cuando se movía con la misma elegancia pero con la misma fría letalidad que vuelve a mostrar. Porque con cada "Chum Jetzt!" ("¡Vamos ahora!") que pronuncia se vuelve a presentar ese "Jetzt-Zeit" ("tiempo-ahora") pleno de sentido para quienes miramos y admiramos este deporte hermoso que es el tenis. Porque es esa conjunción entre pasado y presente lo que hace que este Roger Federer nos siga conmoviendo, nos siga sorprendiendo, nos siga motivando. Porque Roger Federer es para el tenis al mismo tiempo la figura de la revolución y del mesías, la figura de aquel que viene a cambiarlo todo y a la vez viene a traernos el pasado en el presente. Aquel que es capaz de trastocar todo con su tenis y su aura, a pesar del paso del tiempo. Aquel que es capaz de lograr que la palabra tenis y su nombre sean equivalentes.
Porque decir tenis y decir Roger Federer, es decir una y la misma cosa.

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